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Brasil, el mundo olvidado de Lula Ignacio Da Silva

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La mayoría de los presidentes de Suramérica tienen que irse a casa, simplemente porque no hay algo novedoso en ellos y se creen inocentes, siendo culpables en una verdadera combinación de principios aplicados en las redes sociales y medios impresos. Su mayor error fue agrandar el aparato burocrático y resguardar el orden público, integrando a militares al ejercicio administrativo, que incluye el aspecto agroalimentario.
Estos presidentes progresistas, escucharon las voces del neoliberalismo y jugaron con la moneda, tratando de ser el presidente más popular del planeta, pero se equivocaron. El destino de Lula ahora es incierto. La batalla legal no ha terminado.
Se han creado mecanismos diabólicos para desprestigiar Latinoamérica y, en nuestro caso, tenemos a Julio Borges, quien se ha encargado de hablar mal de Venezuela en muchos países derechistas.
La corrupción amenaza las instituciones públicas. Ese mecanismo siniestro se reproduce en casi todas las instituciones del Estado, donde los funcionarios electos o designados cobran por agilizar los trámites burocráticos, y reparten los beneficios con sus superiores.
La gran corrupción o la pequeña corrupción impiden que el sistema de economía de mercado y libre empresa funcione y dé sus mejores frutos, lo que explica parte de nuestro subdesarrollo. ¿Por qué? He aquí dos razones:
— Primero. El sistema está basado en la libre competencia, en el esfuerzo de los emprendedores y en el aumento constante de la productividad. ¿Para qué esforzarse en crear bienes y servicios mejores y a menor precio si lo que importa es tener buenas relaciones personales?
— Segundo. Se supone que los Estados de Derecho, fundados en la obediencia general a leyes universales, deben ser acatados por todos. Los políticos y los empresarios coludidos para defraudar a la sociedad dan el peor ejemplo. ¿Por qué cumplir con las leyes contra el tráfico de drogas si ellos roban descaradamente?
Esta lucha universal contra la corrupción indica que existe una especie de globalización contra ese flagelo. Y esa es, realmente, la gran transición de nuestro tiempo. Nunca la corrupción terminará
El presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva, dijo que las elecciones presidenciales del año próximo en la nación sudamericana no harán que cambie su política económica. Prometió mantener su "visión pragmática" de la economía, y manifestó que no hará nada "que pueda poner en peligro las posibilidades de Brasil de convertirse en un país desarrollado".

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