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A golpes de purgas, Nicolás busca una ruptura para salvar el mando militar

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Aventis
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La gallina contemporánea está alcanzando unos niveles de libertad de aquí te espero. Un poeta anónimo comparte conmigo estas reflexiones mientras baten unos huevos. Cuando correteas por el supermercado, decimos, con tus servidumbres a cuestas, tropiezas con hueveras que contienen un inalcanzable horizonte de plenitud y rebelión. Gallinas felices y libres que te ponen un huevo que te deja fulminado, como estos, del amigo. No sólo su alimentación ecológica es mejor que la tuya. No sólo respiran aire puro, también reciben cariño. Hemos visto hueveras con la foto de un granjero rodeando con un brazo a una niña y con el otro a una gallina ponedora que, por imposible que parezca, sonríe. Hay imágenes de pollos robustos que contemplan el horizonte al atardecer con serenidad. Hueveras que afirman que sus gallinas viven en “chalets de madera” con un jardín soleado donde, además de su pienso ecológico, “picotean alguna hierba o bichito”. Pollos que, en resumen, hacen lo que les da la gana. No como tú y yo.
Un cartón de huevos, tiene un costo de 12000 mil soberanos.
Nosotros, seguramente, nos parecemos más a la pobre gallina industrial que vive controlada, con la luz encendida día y noche, para aumentar su productividad. Pero lo curioso es que, en gran medida, la nuestra es una restricción sumisa, una falta de libertad voluntaria. Una especie de auto secuestro. Bien mirado, una buena parte de los asuntos que nos oprimen el pecho, los elegimos diariamente. Mientras cualquier otro animal lucha por su libertad con uñas y dientes –si los tiene–, a nosotros nos gusta obedecer, concluye el poeta que ya ha terminado de ¬cocinar una tortilla amarillo chillón. La libertad de la gallina de campo comercializada es falsa, de otro modo no estaríamos a punto de hincarle el diente a estos huevos. Pero la nuestra también. Ni siquiera nuestro anhelo de libertad, ese deseo salvaje sobre el que han corrido ríos de tinta a lo largo de los siglos, es verdadero. Tenemos en las manos una posibilidad de libertad personal infinitamente más amplia de la que estamos dispuestos a desarrollar, dice. ¿Es cobardía, masoquismo, irresponsabilidad vital?, pregunta. Y pone sobre la mesa el Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de La Boétie.
“Hay una cosa, una sola, que los hombres, no sé por qué, no tienen ni siquiera la fuerza de desear: la libertad, ese bien tan grande y placentero cuya carencia causa todos los males; sin la libertad, todos los demás bienes, corrompidos por la práctica cotidiana de la servidumbre, pierden por completo su gusto y su sabor”, lee. Se trata de “inventar unas mentiras para seguidamente creer en ellas”, añade el poeta. Y debatimos sobre el vértigo del criterio propio, el miedo a la individualidad natural –no confundir con individualismo; ni libertad con liberalismo–, mientras la tortilla nos sabe a poco.
La oposición venezolana viene asistiendo a un espectáculo de hipnosis, siempre en el escenario hay voluntarios dispuestos a dejarse mediatizar por las redes sociales. Son mujeres y hombres anónimos, de andar por casa, más de un tercio del aforo, que han pasado las pruebas de sugestión que el mago ha planteado cuando aún estábamos todos en la oscuridad del patio de butacas. Hemos sido inducidos a sentir, por ejemplo, que no podemos separar dos dedos. Después de juntar los índices a la altura de los ojos, como si fueran dos imanes que se atraen, hemos tenido que imaginar con fuerza –abriendo el ojo de la imaginación– que no podíamos despegarlos. De tanto imaginarlo, el asunto debía convertirse en real. Después hemos hecho algo parecido con nuestros párpados. En estos pequeños ejercicios, dirigidos a medir nuestra predisposición hipnótica, inquieta ver con tanta claridad hasta qué punto creer con fuerza que te ocurre una cosa puede hacer que acabe ocurriéndote en serio. Este poder ¬mental, aplicado a la vida, es un arma de doble filo. Un potencial o un desastre, según las inclinaciones de cada usuario. Según dónde decida cada cual inocular su fe.
Los militares venezolanos se disfrazaron de revolucionarios y han engañado hasta el mismo Psuv, no contemos con el Sr. Maduro Moros que es un artificie de los grupos que hacen vida política en el país. Ahora, nos habla como un jeque militar, como sí fuese pasado por una Academia, cuando nunca fue a los Astilleros Navales para ver la reconstrucción de nuestro submarino Sábalo con materiales de segundo nivel. Esto, me recuerda al Ara San Juan argentino. Los rusos descubrieron toda la comedia y descubierta la verdad, se largaron en silencio, como lo hacen siempre.
Entre unas pruebas y otras, los espectadores nos hemos dividido entre quienes logran que su imaginación cobre realidad física y quienes no tanto. Algo así. Los primeros, los que han sentido a fondo que no podían despegar sus dedos ni sus párpados, han subido al escenario para ser hipnotizados ya en serio. Sólo pueden ser hipnotizadas las personas que lo desean, ha dicho el mago. Si no quieres, es impo¬sible. La hipnosis, entonces, es un acto de voluntad. La hipnosis, ha dicho el mago, empieza en el momento en que compras la entrada.
Así, no digan que son ciudadanos inocentes
Entre unas pruebas y otras, los espectadores nos hemos dividido entre quienes logran que su imaginación cobre realidad física y quienes no tanto. Algo así. Los primeros, los que han sentido a fondo que no podían despegar sus dedos ni sus párpados, han subido al escenario para ser hipnotizados ya en serio. Sólo pueden ser hipnotizadas las personas que lo desean, ha dicho el mago. Si no quieres, es impo¬sible. La hipnosis, entonces, es un acto de voluntad. La hipnosis, ha dicho el mago, empieza en el momento en que compras la entrada.
Las personas voluntarias que están en el escenario caen ahora en brazos del hipnotizador, dormidas como bebés. Una tras otra. Los cuerpos se desploman sin resistencia. Mientras duermen, o lo que sea que estén haciendo en ese trance misterioso, reciben instrucciones locas, que después cumplen al dedillo. Cantan o bailan sin ningún pudor, creen y sienten que vuelan, o que viajan en una montaña rusa delirante. Sus cuerpos y sus emociones reproducen estas vivencias imaginarias con la destreza de un actor inusitado. Desde nuestras butacas de personas cortas de sugestión, asombra observar la cantidad de voluntarios que desean y logran entregar sus mentes a los mandatos de otra persona.
Lo que tiene de malo la verdad es que despierta de sueños quiméricos. Atentos a la literatura del expediente porque puede ser ridículo mundial
Ahora todo el mundo es politólogo.
Por eso la cúpula castrense no defiende solo a Maduro y su gobierno. Antes que nada, se defiende a sí misma. Pero en esta situación es evidente que ni todo el estamento militar se va a alinear disciplinadamente detrás de Maduro, ni va a apoyar como un solo hombre a la oposición, aunque probablemente las divisiones que emerjan ahonden las grietas que ya condicionan el futuro del chavismo y de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, me temo que solo estemos ante el principio del fin y que habrá que esperar un poco más para asistir a la demolición completa del edificio, en el caso de que esto termine ocurriendo.

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