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Piromanía, la nueva tendencia de frustración social y sexual.

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Fusión y Convivencias
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En la medida en que las personas experimentan problemas de adecuación en su contexto histórico y tensiones por las crisis vivenciales del momento, se torna piromaniaco al no ver cumplidos sus deseos personales y sociales. Así, tenemos que la conducta incendiaria, refleja un comportamiento crónico y autoalimentado por factores externos que van desde la vida familiar hasta las condiciones laborables.
Por esto, debemos llevar a nuestros hijos a dar una vuelta y que tengan nuevas amistades para alimentar el rompimiento de las tendencias de aislamiento.
Este flagelo, nos revela las consecuencias del fuego y, como los grupos humanos se encuentran aislados de cualquier tratamiento clínico y, por lo general, cualquier ciudadano tiene una cerilla o encendedor en sus manos.
Así que estamos llenos de tristeza, porque ante la convulsionada América Latina, cualquier hecho constituye un detonante para generar un incendio, sin importar las consecuencias.
Algunos trastornos psicológicos se han visto vinculados a la producción de incendios. De acuerdo a las estadísticas publicadas por la Universidad de Oxford, los más destacados son el trastorno de abuso de alcohol (71.7 por ciento), el trastorno de personalidad antisocial (51.46 por ciento), el trastorno de abuso de marihuana (43.17 por ciento) y el trastorno de dependencia a la nicotina (42.95 por ciento)”, explica la especialista.
Estas estadísticas ponen de manifiesto la importancia de un buen tratamiento y servicio sanitario en el ámbito de la psicología a nivel nacional, con el objetivo de prevenir, en la medida de lo posible, las consecuencias que una carente atención y tratamiento psicológico pueden tener, Generalmente, las personas afectadas reflejan una excitación y tensión afectiva que muestran una fascinación por ver luces de fuego.
Los pirómanos «no son ni esquizofrénicos, ni psicóticos, ni personas antisociales. Son personas relativamente normales, pero con deseos irrefrenables de satisfacer sus impulsos de alguna manera y provocan incendios por el puro placer de hacerlo, buscando una gratificación personal, para eliminar una tensión acumulada.
De hecho, en numerosos sucesos, salta la sorpresa entre los vecinos al comprobar que el pirómano es aquella persona que trabajó como el que más en las labores de extinción de las llamas. Y la mejor forma de sentirse premiado por su crimen es acercarse a los voluntarios y los bomberos para buscar todas las referencias, buenas o malas, sobre el incendio. En este sentido, los pirómanos «disfrutan de la parafernalia que envuelve el operativo de extinción», por lo que, como ocurre con los ladrones que merodean por el lugar donde cometieron su fechoría,
En el acto de provocar un incendio, según una hipótesis manejada en la Psicología, su autor puede buscar transmitir «algún tipo de comunicación para llamar la atención sobre algo. Pero no persiguiendo un beneficio, como ocurre con los terroristas, sino para deslumbrar y crear un impacto en su entorno social.
América Latina, esta abrazada a estos tipos de personajes y, cualquier persona puede ser victima de estos enfermos de la luz fosforal y de la gasolina.

 

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