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Quazil, el viajante del Cerro Azul, ((1)

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Fuente Literaria.
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A María Tovar Delgado
Primera Parte. (1-3) Quién nació en mi tierra de origen, Puerto Cabello.
Relato de Ciencia- Ficción. Algunos datos son verdaderos. Basado, en voces de sus familiares, amigos y de mi comprensión de alguna realidad, en un período de tiempo en que, los sueños se cristalizan.
Marian chicharraba de frío, ya al atardecer, todo era nublado en el cruce de las montañas hasta llegar al campamento. Apenas una luz brillaba en la lejanía y las congeladas rocas, no permitían ver sus coloridos, desde el grisáceo hasta el azul cristalino. Aquí, en época pasada, llegaron otros viajeros, que, tomaron en serio su juego en invadir nuevas tierras. En poco tiempo, debemos saber, sí, todas estas esperanzas reflejaban una realidad, o nos habrían traicionado.
Al paso, son viejas reliquias. En el tiempo fueron atesoradas para los descendientes, pero los acuerdos con un presidente extranjero, permitieron que fuerzas militares sin mando, tomaran las riquezas de esa nación y, luego de colonizarla y esclavizar a sus habitantes, regresaron a su tierra de origen.
Nadie, comprende los tesoros de ahora. La primera oleada de hombres y mujeres libertadoras, habían ya llegado al campamento y, el escribiente, anotaba con su pluma la historia de una civilización de zombis que, ya había quedado en el recuerdo.
El mochilero, con sus viejos libros y el escribiente, fotografiaban toda la zona para no desviarse del camino, ante las brumas y las paredes de las montañas, era la entrada al Cerro Azul.
Johanna, siempre caminaba en una dirección, con sus vástagos tras de ella, viendo con sus lentes de fijación permanente, si veían, algún animal para deshuesarlo y sirvan de carnada y alimento a las veinte y cinco personas, que, como exploradores(as) ascendían las heladas serranías, hasta llegar a la cumbre, donde se encontraba el campamento.
Todos, los tesoros fueron almacenados en un lugar de reposo, para que la coloración del calor no los dañase, constituían símbolos del pasado. Representaban el mayor logro del hombre, en esos instantes y el futuro de ese país astral, estaba allí escrito. Aquel invierno fue fuerte para nuestros ancestros y, las grandes olas de hielo, comenzaron sus primeros asaltos contra las montañas, llevándonos a las faldas de las montañas y, constituyó la primera embestida. El extranjero invasor, del país vecino, entabló en ese entonces una feroz batalla, con jóvenes guerreros que nadie apoyo, aunque la gente del campamento y las ciudades cercanas tenían hambre, como sed.
Ya, en la lejanía, se avistaba el Cerro Azul. Las marejadas de nieve y hielo amainaban sobre las faldas montañosas y, el verano se acercaba, eran meses de una larga caminata para traspasar las serranías y ver el brillo de la bahía y al final, el Castillo, donde muchos guerreros en el pasado, cayeron por las mismas arquerías del presente, ante el silencio de los amantes del tesoro, que ejercían funciones de control y son corruptos de la administración.
Es una lucha, hasta el final. Dos hombres y una mujer, hicieron rodar las rocas y la tribu que quedo encerrada por dos años entre las cuevas, vio luz, llegó el verano y el hielo, se dispergó por un tiempo, las batallas, se ganan en el terreno.
El sonido, es un flujo energético de los nuevos tiempos. Tantas cosas extraviadas, pero, llegaste de un largo viaje, de otra galaxia, para decirme que te ibas para siempre. Tú alma y conciencia se extendería más allá de las estrellas y un conjunto de individualidades a tu alrededor te vitoreaban. Fue el encuentro final con tu voz. El flujo energético hizo contacto con el mío a través de las ondas sonoras y, quede extraviado, luego de tantos años en su búsqueda, en el Cerro Azul.
Jamás, hubo una repuesta, solo el tiempo, la reconoce y. ahora no se percibe, son solo, evocaciones del pasado, hay tantas cosas extraviadas en las noches del tiempo, que, llegan y siguen su curso, todo ha sido confiscado por el advenizo de otras tierras, que llegó, para someternos a una esclavitad, cuya culpabilidad recae en los débiles, por permitirle su paso en las montañas.
He cumplido, mi misión. Mis enjutos labios se adormecieron para arrastrar, solo unas palabras. Solo, quiero que me dejen en paz, no quiero esclavizarme de nuevo, llevando almas a la otra galaxia. La dura, brillantez se esfumo con su partida, la doble partida. Es necesario, en esta época dejar un torrente de tranquilidad en nuestra alma. Por todo ello, no quiero quedarme atrapado, las fuerzas enemigas avanzan vertiginosamente, ante la mirada lisonjera de algunos hombres del campamento, no saben que ya están muertos, solo sus almas perviven, buscando un lugar de descanso. Mi territorio, lo despedazan extranjeros, venidos de lejos ante sus riquezas para manejar las naves a través del ultrasonido.
Solo, busco un momento adecuado para teletransportarme. Las montañas, son el único respiradero, son verdaderas jaulas de hierro, debo conseguir la única llave de entrada y, la tienes tú, en tu alma, Marián. Te la dieron desde niña para que la guardarse y, no comprendieron, tú llegada a ese epicentro de una parte del campamento, ante, la ignorancia, tuviste que desplazar tus fuerzas, enarbolando la brillante llave.
Tengo una sed de venganza y, la cumplo. Todos los terrestres a mi alrededor deben morir e irme a descansar en paz, el frio y el agua, no me dejan teletransportarme, nace, un aire de contienda en mi Ser, que es una esencia liquida del viento, que es mi espíritu.
La llave, es un tornillo plateado que se pasa, entre los barrotes de nuestra experiencia. Y, siempre se coloca en el centro de la jaula para que nadie la toque, muchos imploran para llegar a ella, hasta la banda de los soles, venidos desde tierras lejanas.
Pero, la llave es personal y, está en nuestra memoria. Y, cada persona la tiene, en nuestra memoria. Y está llena de mucha electricidad, mucha energía que al descansar, nuestra alcoba, se convierte en una cama de cristal. Allí, yacemos como dormidos, pero, nuestra conciencia revoletea hasta descubrir tu alma y nuestra relación con el firmamento, en una sola fuerza, Jehová.
Ella, esta guardada en el centro de nuestro pecho, como testimonio de nuestra luz.
La lucha será larga en nuestro territorio, entre las montañas, el gobernante invasor es controlado por grupos de carapálidas, venidos en grandes naves para asesinar a los nacidos en la galaxia, esta dominado mentalmente por los espíritus del mal, muchos ancianos reflejan doble faz en sus rostros y lo apalancan en el poder. Es el dominio diabólico por las riquezas, el hambre acosa a los pueblos. A nadie, les importa, todos, se encuentran expuestos al frio de las montañas, a lo lejos, se escucha una voz, libertad.
La princesa, se ha ido, con la llave de mi memoria. Solo soy, un enmudecido espectador del tiempo y, mis huellas a través de la experiencia y el aprendizaje, es borrado por el tiempo.
El tesoro en el Cerro Azul, (2)
En el laboratorio, había un gran trabajo, querían colocarle una memoria falsa, a quienes deseaban salir de viaje, sin respetar las normativas de seguridad. Los sedaron con narquidrina para confundir la verdad, los viajes, constituye una travesía fuerte y el gobierno militar invasor borraba los recuerdos conscientes y lo único que se sabía es que ir a la galaxia vecina en las naves traídas desde el otro cielo, muy rápidas, solo hacían cumplir un deseo, entregar nuestra tierra a otro Continente y esclavizarnos, como voluntarios.
Llueve y hace frío, descanse dos horas para proseguir el viaje, así que ir a Nhextón, llenaba mi ansiedad, como agente secreto e investigador, en esa gran ciudad terminaba mi misión, pero, estaba atrapado en el Cerro Azul, torrenteras de agua caen sobre el campamento y los zombis, tienen una memoria que se esfuma a cada momento, ya algunos tienen cuarenta años encarcelados, estamos allí atrapados y sin comer. Fatigados al ascender por el paso de las montañas, con veinte escuderos y cien guerreros a luchar contra el guerrero invasor, venido de otras tierras.
Los oscuros guerreros. En una oportunidad, sumergieron sus almas en el vacío, no podían pensar, se dejaron dominar y matar por los cazadores cibernianos que, deseaban permanecer en el poder de la galaxia, es menester, acelerar el tiempo e ir a la zona de paralización para congelar vivos a estos cazadores, mientras, muy cerca, había galeones y fragatas de otros astromarinos., piratas con sus bergantines al acecho. Deseaban las fuentes energéticas que el invasor les ofrecía, porque la gran estrella asesina los arropaba.
Así que, los enemigos eran múltiples y fue necesario lanzar explosivos en el camino para quebrar las gargantas de paso humano y desconcertar las naves. El Castillo del Cerro Azul, se encontraba bien protegido por fuerzas leales, pero, llovía intensamente y los magnetos se debilitaban mucho por la falta de mantenimiento, el que se parara en el centro del Castillo, tenía el poder de todo y la única llave de cristal para abrir las compuertas de los laberintos que nos llevan a la gloria, fue llevada en la memoria de Liaguibert a la nave espacial de los antropos. Que dispara fuego por debajo de la popa he enmudece los labios de cada anciano que se reúne cada semana en la alberga.
Hay que desarticular las fuerzas enemigas. Deseamos un cambio en el modelo de país, pero el regidor advenizo que nos gobierna, desea eternizarse en el poder, como lo hicieron en el pasado los Medos y persas, ya no estamos en el tiempo de las estrellas abiertas, ellas se oscurecieron con la muerte y asesinato de su principal regente. La Misión, era igual, liquidarlos a todos y robas sus fuentes energéticas, utilizando modernos aviones que, cruzaban el aire en un vertiginoso viento.
Pero, los zombis no despiertan, los engañan con una bolsa de alimento y palabras. No saben de debate coyuntural y las decisiones son analizadas por un psiquiatra que le informa al regidor.
El Cerro azul, cierra sus puertas grandes de madera y levanta el puente de acceso, adentro, descansa el soñador del castillo.
Es descanso, los dragones comen y se ejercitan, conocen sus escuderos, quienes construyen nuevos escudos, hay la sentencia de muerte afuera.
La máscara mortuoria acompaña a los habitantes del campamento por su indolencia y prefieren ser recolonizados por fuerzas militares extrañas que asesinan a sus hijos torpederos. Una vez, este grupo, quiso invadir, fueron repelidos por fuerzas aeroespaciales leales, a pesar que el Castillo estaba cerrado, porque su regente se encontraba incursionando nuevas tierras vecinas
Los pobladores del campamento golosinan productos de mala calidad y las proteínas consumidas, tienen mucha cantidad de grasa, que desconcierta y, la aleja de la razón, su capacidad de analizar. Es lo que desea el regidor extranjero y los invasores
Las serpientes, se encuentran intranquilas, enrolladas entre sí mismas, extienden sus cabezas como juguetes para esculpir sus miradas al cielo, algún día, han de ser juzgadas, no pueden utilizar máscaras de oscuridad, sus rostros se encuentran revelados frente al espejo y la cama de cristal, que lee todo el conocimiento humano. Las dagas, las vigilan. El Centinela, cabalga sobre avestruces veloces, llenos de acero y carne, son mutantes del tiempo, otros animales perecieron por la evolución de los sueños.
Ojalá, tus hermosas manos de reptil, no me asedien en las noches, solo tanteas el aire, pero mi cuerpo de fuego. Te falta capacidad para hondear mis caminos entre las veredas de las montañas, Necesito levantarme y alcanzar la luna
Última voz, los guerreros y escuderos languidecen, (3)
El robot, se movía entre las puertas aceradas, el frío en la parte externa de la cueva, antes de llegar al Castillo, es muy intenso. Las computadoras, daban falsas informaciones, fuera de toda comprensión. Se hizo silencio. Se abrieron una compuerta del traspatio y se pudo observar las aeronaves enemigas perderse entre las montañas y neblina. Más allá el monasterio fue sitiado por los esbirros y los osos montañeses y tres elefantes voluminosos, fueron avistados por el robot, porque el porcentaje de oxigeno escasea y se necesitaba para luchar fuertemente con espadachines, porque, otros fracasaron y ya, estaban muertos.
Rojio, un escudero se decidió a correr el riesgo, tomo su armadura y corrió hacia el Monasterio, allí quedaron pocos hombres, porque la comida escaseaba y tuvieron que sacrificar tres perros y un caballo para los monjes. Todos, quería el botín. Millones de dólares por petróleo y oro de las minas del Sur. El extranjero invasor, ya había obtenido su riqueza y manipulaba los ancianos del campamento, quienes lo vitoreaban a pesar de no tener ropa para cubrirse del frío y alimentos.
Algún día, la riqueza no alcanzará, todos querían algo para sobrevivir. Todos, desconocían la realidad y el conocimiento es hueco. Y, el robot jamás le permitiría entrar a la bóveda del tesoro.
La traición, ya se hizo presente en Vulcano, su muerte fue casi instantánea. Su físico, como militar llamó la atención y administró la comarca por poco tiempo. El hombrecito que le cuidaba, fue ascendido y enseñaba con orgullo, su pecho negro.
Nadie se acordó de la fecha del perenigraje, la tribu, tomo el campamento, junto a la planicie y los sueños del pasado, casi olvidado. En la planicie, las colinas eran bajas, y se podía observar, el camino hacia las tierras del Sur, más allá, el Polo con sus osos, un continente de agua blanca congelada y el aire mismo marchaba sobre los viajantes. Los glaciares, eran casi del tamaño de algunas montañas y, hacían barrera para evitar los ataques de las naves invasoras.
En el Sur, tenía residencia, una mujer escribiente, su voz hablaba de poesía y leyendas. La gente conseguía refugio en sus palabras. Allí, el verano traía un aire ligero y el valle poseía una pequeña pendiente, donde pastaban ovejos para la cría y alimento para los visitantes.
En el campamento de la montaña, la ciudad estaba en ruinas y la tribu, se le dificultaba cultivar en tierras fértiles, los militares se apoderaron de esas tierras, legionarios que asesinaban al pueblo y solo, exigían una espada para cuidar las cosechas y vender lo sembrado, a precios muy caros.
Los glaciares del Sur, alcanzaron las montañas, una generación después. En ese último verano, los hijos de Nashan, llevaron los tesoros sagrados de la tribu al solitario montículo que dominaba la planicie, más allá, el hielo, que, antes había brillado en el horizonte, se encontraba, ahora, bajo sus pies.
Los viejos libros, se abrieron en la cima del Cerro Azul. La cripta se abrió y, los restos olvidados de la civilización antigua se levantaron para siempre. Todos los tesoros y huesos fueron almacenados en su lugar de reposo. Entonces, fueron recibidas tres reliquias sagradas. La primera, es de metal, que mostraba el color de un calor intenso. Representaba el hombre y su futuro. La segunda, es el milagro de la ciencia antigua y presente, incrustado en un pedestal de metal con formas de arpía y la tercera reliquia, reflejaba nuestra conciencia en una proyección de luz, con una lata circular de oro y profunda, totalmente sellada y se abría, con una sola voz de mando, aquella que emana de nuestro interior.

 

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