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La roca salpica sangre

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Fuente Literaria
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Son rocas del viejo camino, nunca me amaste, solo las sirenas del mar.
Mis ojos están perdidos en tus entrañas, de la tierra profunda
Bebo mi propia sangre.
Mi proyecto, mi rabia de nadie, dejaste de quererme. Tengo imágenes amorfas.

De ti, un sueño oscuro, inquietantes imágenes, en la oscuridad
Hasta incendiar los cimientos.
No soy tu esclavo, sueño de amaneceres, las gaviotas se hunden en el pantano, en fango ponzoñoso.
Hoy es noche de conciertos, he muerto. Ya me ahoge en tus penas,
Desde ese dardo venenoso amargo.

Bebo.

Adiós, solo recree tu mente, incendiaste mis cimientos. Son días de risas.
2.
El corazón esta amordazado, se desbarata, no hay intimidad, ni lágrimas y sollozos.
Nada se respeta, todo es profano. Visto de negro, notas oscuras de un funeral.
El dolor denso avanza en silencio, pero, mis dedos no tienen fuerza.

Velas negras encendidas a mi alrededor, un cirio rojo quemándose y el pecho abierto, lajas de fuego.

La sangre coagulada, es tiempo de humos, duermo, duermo a mis grilletes.
Las cortinas de flores a lo lejos llaman. Ya el concierto toca sus tonadas.
Comienza la marcha fúnebre. Adiós.

Como un relámpago, cargo la muerte encima y desde el cielo, suenan los truenos y llegamos al abismo.
Tengo una herida en el pecho que rompe mi corazón, donde la belleza es el alba.

Mi alma se abre.

Sigo moviéndome, la sángreme rebasa en la palma de la mano, cargo el puñal
Y sin abrir los ojos descanso, muero. Hay una fe absoluta por el morir.

Quieto.

Siento un pájaro herido, son gaviotas, están como moviéndose.
Cada tarde, se reúnen las gaviotas y una está en mi memoria junto a flores con olor a sándalo.

Pero, son equilibristas, consumiendo pescados y el viento las trocha como una fotografía.
Se comen los despojos de mi cadáver, para recordarme.

No suspires, siempre sale el sol. Espérame en la estación del tren. Soy un suicida.
El cielo, se muda cada día para huir de mi vida.

Mis huesos crispan la tierra, se muere una vez y no será contigo.
Todos mis espejos se rompieron y destruyeron, mi alma en tierra húmeda.
Nunca tuve el consuelo de tus laberintos, ante la estola de tu ausencia.

Emiro Vera Suárez 10 octubre 2015.

 

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